Musa

Como una cámara testigo de los tiempos el Arte refleja nuestro mundo con su belleza y conflictos.
Esta es la historia de una casa y sus generaciones; de 7 artistas de una familia  y su hogar en común.

Descarga la obra completa en PDF:     Musa – Novela de Relatos

Descarga en formato E-book para E-readers:

Musa – Ana Rodríguez (MOBI) https://www.sugarsync.com/pf/D1764866_153_672613846

Musa – Ana Rodríguez (EPUB) https://www.sugarsync.com/pf/D1764866_153_672613810

(Agradecimiento especial a PhotoniKO de ForoKD.com)

 

copyright

Copyright Ana Rodríguez

 

Relato I – El Inicio de los Tiempos

Saber la muerte no debe condicionar la vida; el límite es tan impreciso que provoca el sufrimiento de quienes lo ignoramos. La ilusión de la vida es un curioso mecanismo de olvido y recuerdo intermitente de nuestra verdadera naturaleza efímera, y existencia presente.

El negro de la ventana le provocaba a menudo a Don Pedro pensamientos como este, inevitables para los viejos; así como los recuerdos de los tiempos jóvenes, cuando aún la vida de uno estaba en plena construcción, tal como la casa misma. En medio de esta atmósfera seguía tomando cuerpo su vieja “obsesión”, se construía su secreto.

 

Descarga en PDF:  Relato I – El inicio de los tiempos

 

Relato II – Sabe que hasta que no se encuentre a sí mismo no recibirá a La Musa

¡Concéntrate! ¡Concéntrate Lorenzo!
Por no estar en el momento se nos pasan las cosas invisibles a nuestros ojos, aunque evidentes. Nuestros pensamientos están en algún otro lugar del pasado o futuro.
Recordando, planificando o temiendo posibles consecuencias de posibles acontecimientos ocurridos ya o por ocurrir.
No estoy ni soy, viajo en mi tiempo, ilusorio guardián de la conciencia.
Me equivoco por no estar, me olvido por no ser, en el preciso instante en que debería ser y estar. Siempre de viaje por el país del “alguna vez quizás”…
Pero Lorenzo; ¿qué estás haciendo escapando de ti mismo todo el tiempo?  Poniendo distancia entre lo que realmente te hace feliz y tus acciones.
Qué triste fatalidad la del ser humano, la de huir constantemente de su propio destino.
Pocos hombres han sido consecuentes con su guía, y estos han sido los excepcionales.

 

Descarga en PDF:   Relato II – Sabe que hasta que no se encuentre a sí mismo no recibirá a La Musa

 

Relato III – El Organista

Para Vicente, la música es esa tirana que te lo da todo pero a cambio te pide tu alma y devoción; sólo unos pocos son aptos para ser sus novios. Y es celosa, por eso lo pide todo; ¡porque no da poco a quien la posee!
“Dejé a las mujeres de lado por ella, es celosa y lo exige todo”.
Ella me hace sentir como “en casa”; centrado, la mente clara y el corazón abierto al infinito de las ideas y a la fuerza del amor de Dios. La personalidad se disuelve en el goce de la creación, en comunión con lo divino. Escapar de la realidad, es un espejo a otra dimensión de verdad, de felicidad. Vivir la vida de miles de personas, sentimientos, emociones; todo lo finito que conduce al último sufrimiento.

Descarga en PDF:   Relato III – El Organista

 

Relato V – Fragmentos de Sueños Rotos

La noche del suicidio era clara y estrellada, sin una nube en el horizonte, muy a diferencia de su estado de ánimo. Lucrecia sentía el viento del mar en su cara mojada, no por el agua de la playa sino por sus lágrimas, en constante lluvia. Sin embargo, a pesar de la tormenta interna, su mente estaba clara. Sin él nada de nada tenía sentido, ni siquiera su poesía; completamente vacía y desprovista ya de emoción. Era hielo, era roca. Como su corazón…

 

Descarga en PDF:   Relato V- Fragmentos de Sueños Rotos

 

Relato VII – Retorno a la Fuente

La tibia luz primaveral, tímida compartiendo en su cielo la luna, la recibió sin nubes no obstante reflejando una tremenda soledad y desamparo sobre los muros de la finca.
Nadie la estaba esperando, a diferencia de cuando era adolescente y venía con sus padres al menos una vez al año; usualmente en primavera.
¿Cuánto tiempo hacía?

Descarga en PDF:    Relato VII – Retorno a la Fuente

 

ana.rodrguez@yahoo.es  (sí, sin la “i”)